bayona | 14 Gener, 2006 17:02
Jordi Bayona
Si de mi dependiera no se celebrarían los 30 años de reinado del Rey Juan Carlos. Me hubiera quedado en los 20, que fueron los realmente apasionantes. El monarca ha sido un hombre del siglo XX y no del actual, por fortuna para los españoles. El país tuvo un épico despertar con la muerte de Franco pero empezó a tener jaqueca allá por 1995. Los primeros años del postfranquismo fue un vivir de efervescentes sensaciones. El país iba montado en el Dragon Khan de día y había castillos de fuegos artificiales cada noche. Unas vivencias de vértigo. Te preparabas para ir de vacaciones el Jueves Santo y te legalizaban el Partido Comunista. Los mítines políticos estaban a rebosar. Se lloraba con el regreso de La Pasionaria y la gente, incomprensiblemente, sobrevivía, feliz y confiada, sin MacDonalds ni Salsa Rosa.
Entonces todavía se sobresaltaba el cardiograma colectivo, aunque fuera por un 23-F, esa noche en la que las masas se volvieron juancarlistas exactamente a partir de las dos y veinte de la madrugada, cuando el rey apareció en la televisión después de seis horas de temeroso desconcierto de la gente. Un día se expropiaba a un empresario tan flamenco como Ruiz Mateos, al día siguiente se ingresaba en la Comunidad Europea y al otro se legalizaba el aborto.
La fiesta duró hasta los Juegos Olímpicos del 92, que fueron el descubrimiento de una España avanzada, tolerante y desenfadada que se abría al mundo. Eso sí, como siempre, algo llorona a juzgar por los lagrimones de la Infanta Elena en el estadio olímpico mientras desfilaba el abanderado Príncipe. El Rey, con presencia discreta pero indispensable, asoma detrás de cada uno de esta secuencia de episodios épicos.
Unos años después todo empezó a empozoñarse. Aparecieron la broca y la crispación, se resquebrajó la frágil vajilla de la convivencia y, aunque sin cataclismos, ya nada fue como antes. La época dorada del postfranquismo había acabado. Empezaba el siglo XXI y con él cobraba vigencia el fantasma de Larra: “Aquí yace media España. La mató otra media”. Y claro, en un país así ya no es tan interesante reinar.
El Rey Juan Carlos fue la pieza clave de un complejo engranaje que sacó a España del cuarto oscuro y la catapultó a la modernidad. Era probablemente la única persona que podía hacerlo sin echar mano a las pistolas.
No lo hizo sólo, todos ayudamos. Ayudó Suárez al aceptar aquel pacto por el cual el monarca era el artífice de todo lo positivo para el país y el presidente acarreaba con las culpas de todo lo negativo. Ayudaron los medios de comunicación al dar amparo a este pacto, que todavía hoy pervive en la mayoría de redacciones, donde la figura del monarca está blindada con un exceso de celo en tiempos de paz, sorprendente en otros países democráticos como Gran Bretaña. Y ayudó gran parte de la ciudadanía que aceptó dejar en el trastero justas rehabilitaciones y enterrar bajo tierra los ajustes de cuentas que le pedían el cuerpo, la memoria y la dignidad.
La celebración de las tres décadas de reinado ha dado pie a una catarata de opiniones y reportajes históricos. Hay cierta unanimidad bobalicona en asociar el reinado juancarlista al paso de gigante hacia el futuro que ha dado España en este tiempo. Lo mismo podía decir Franco en su lecho de muerte y no era del todo incierto. En todo caso fue así a pesar de él. Conviene no asociar los buenos tiempos exclusivamente al monarca porque, del mismo modo, tendrá que cargar también con los menos buenos.
España ha mejorado lo indecible pero, a menudo, entre los oropeles de la modernidad le asoma el pelo de la dehesa. Y lo hace en forma de ridícula seguridad de quien ha prosperado sin demasiado esfuerzo. La ignorancia, la voracidad lucrativa, la insolidaridad o la manipulación, han dejado de ser vergüenzas que se esconden. Van camino de consagrarse como valores al alza que se exhiben con desparpajo en un país que siempre fue modesto.
Apunte final de tres décadas coronadas. La ciudadanía española jamás ha sido monárquica por naturaleza. Juan Carlos se ha tenido que ganar a pulso la confianza y la simpatía popular y eso no es un automatismo que forma parte de la herencia que legará a sus sucesores/as. Aquí, cada rey y cada reina empieza de nuevo. Se equivocará quien piense que lo tiene todo ganado por el mero hecho. La confianza y la simpatía a la monarquía pasan reválida a cada generación. Lo cual, bien pensado, no está del todo mal en un país que se quiere moderno.
bayona | 03 Gener, 2006 02:35
Jordi Bayona
No es por amargar el año nuevo pero hay que decirlo: no somos ricos. Balears no aparece en los puestos destacados de ningún índice de riqueza. No somos zidanes sino pavones. Hay que aceptarlo. De hecho, nunca fuimos ricos. Había, y hay, bastantes ricos en este país que, por supuesto, jamás se convirtió en un país rico. La derecha autonómica, superada la crisis de principios de los noventa, nos hizo creer que todos éramos ricos. Se aferraba a algo llamado crecimiento del Producto Interior Bruto para hipnotizarnos. Subía cada año entre un 5 y un 7 por ciento y, por tanto, quisiéramos o no, teníamos que ser ricos. Luego hemos visto que China ha crecido este año un 9 por ciento y, sin embargo, nadie en Mallorca pierde el trasero por irse a vivir a los suburbios de Shangai.
Ahora este índice crece en Balears alrededor un 2 y poco por ciento, por debajo de la media española, y eso que el Govern ha lanzado la bomba atómica económica en forma de obra pública y fomento de la construcción que, en buena teoría, tendría que disparar las cifras. Es que los expertos llaman la economía del tocho. Pero ni así.
¿Y es esto bueno o malo económicamente? Ni lo uno ni lo otro, simplemente no me lo creo. Las cuentas del PIB son las del Gran Capitán. Sólo suman, jamás restan. Un enérgico crecimiento económico puede suponer un gran golpe medioambiental que hipoteca el futuro. Pero la estadística sólo suma lo primero y no le resta lo segundo. Hay trampa. Economías pujantes, como la china, se alzan sobre grandes desigualdades sociales o situaciones laborales que rozan la explotación pura y simple ¿Podemos hablar en este caso de un país rico?
Hay en Balears otras estadísticas interesantes. Sólo un 20% de los mallorquines declaran más de 21.000 euros anuales a Hacienda. Y, por favor, que nadie se ría porque podría ser cierto. De hecho unas 19.000 personas tienen más de 150.000 euros depositados en efectivo. Repito, más de. No se sabe cuanto pero, en todo caso, más de.
En realidad todo va cuadrando. Porque en la otra cara de la luna de Mallorca, 150.000 personas de este país viven por debajo del umbral de la pobreza, es decir, con ingresos inferiores a los 371 euros. Y las familias de estas islas son las que en España tienen más problemas para llegar a final de mes: en realidad siete de cada diez.
Lo preocupante de la situación es que algunos se llegaron a creer que éramos ricos, se fueron al banco, les dieron un préstamo ya ahora se dan cuenta de lo que dicen las estadísticas: que la renta disponible está por debajo de la renta nacional, que aumenta el endeudamiento familiar y la capacidad de ahorro.
La Encuesta de Condiciones de Vida que publicó este periódico no sitúa a Balears en cabeza de la clasificación. No está en la zona de descenso, pero en la mayoría de casos no juega ni la Uefa. Tanto en ingresos medios por hogar como en salarios brutos mensuales somos los sextos de diecisiete.
Más allá de las cifras, un trabajador de hostelería de Can Picafort me retrataba la situación con más exactitud que los sociólogos del Instituto Nacional de Estadística: “Desde hace dos años, al final de temporada no nos pagan vacaciones sino que nos obligan a tomarlas. Tampoco se trabajan días libres. Eso supone que en casa hemos ingresado 500.000 pesetas menos que hace dos o tres años. Encima, como han recortado el personal, yo sirvo más mesas y mi mujer hace más camas. Cobrar menos y trabajar más. Vaya negocio”. La realidad va por aquí.
Con las cosas así de claras ruego al Govern que en su discurso político saque a relucir todo lo que considere resultado de su fantástica gestión: protección ambiental, mejora de la enseñanza pública, congelación de impuestos, control de la deuda, abaratamiento de la vivienda, una IB3 imparcial, inversiones en transporte público.... lo que quiera. Pero que abandone el latiguillo de nos ha colocado en la senda de la prosperidad económica.
El turismo ya no volverá a ser lo que era y la industria decae. Sólo nos queda la construcción y la especulación inmobiliaria. Es posible que los que ya eran ricos lo sigan siendo y que estas famosas 19.000 personas sigan atesorando suculentas cuentas corrientes. Pero los 981.000 baleares restantes estaremos igual, tirando a peor. No es dramático, otros están peor, pero conviene que, más allá de las calenturas políticas, nos vayamos haciendo a la idea.
bayona | 27 Desembre, 2005 12:31
La alegoría del fin de año en los periódicos de hace un siglo era una ilustración dibujada de un hombre viejo, enclenque y moribundo, con una enorme barba valleinclanesca, que daba paso a un recién nacido rechoncho y alegre. El año que se esfuma y el nuevo que nace. Los cronistas de la época utilizaban esta imagen para hacer balance de los últimos doce meses. Una de las formas periodísticas más empleadas era describir brevemente los enunciados de los temas políticos más polémicos y añadirles una coletilla de cosecha propia. Siempre con un acerado espíritu crítico con el poder en general. Si este articulista repitiera hoy su columna escribiría algo así:
Un diputado del PP en el Parlament balear grita a una diputada socialista: "¡Cállate gorda!". Como excusa argumenta que sólo le quiso decir "¡Cállate, sorda!". Una inteligente rectificación todo lo arregla.
Los ciudadanos de Balears son los que más basura producen al año: 721 kilos, un 25 por ciento más que el resto de españoles. IB3 gastará casi 50 millones de euros en nuevo año. Ilustración de El Roto: "Es incomprensible: saco la basura a la calle y me entra por la tele".
Un informe de la Secretaría de Estado de Turismo alerta sobre el descenso del poder adquisitivo de los visitantes a Balears. Pedro Cañellas reacciona indignado: "Es intolerable que el Gobierno central envíe mensajes negativos sobre el turismo balear", dice. No se sonroja ni pierde la compostura. El presidente del Real Mallorca quiere construir una torre de 40 pisos en los terrenos deportivos de Son Moix. "Es para mejorar la ciudad", dice. Dado lo mejorada que está toda Mallorca en este sentido se le sugiere que empiece por mejorar el equipo.
El conseller de Economia presenta unos presupuestos con unos ingresos de 12,5 millones de euros en concepto de autotasa. Añade que este impuesto no se aplicará si el sector que lo tiene que pagar está en desacuerdo. No comprende por qué la irresponsable oposición le reprocha que estos presupuestos son falsos. El propio Conseller ha multiplicado la deuda pública para hacer frente a las cuantiosas inversiones del Govern. Su compañero de Educación dice, sin embargo, que no hay dinero para la gratuidad de los libros de texto, una de sus múltiples promesas electorales. Ambos señalan que ya están hartos de que se les ataque con tanta demagogia.
El Govern hace un catálogo publicitario de lo seguras que son las nuevas autopistas que construye. Lo ilustra con una foto de una sonriente pareja en los asientos delanteros de un coche. Ninguno de los dos llevan abrochado el cinturón de seguridad. El 53 por ciento de los muertos en las carreteras y autopistas de Balears no llevaban el cinturón abrochado. La Guardia Civil de Tráfico no ha multado todavía a ninguna consellera del ramo.
Ante la mala situación del campo balear, en la pasada legislatura Asaja se manifestó contra el Govern balear presidido por Antich. Ahora, ante la mala situación del campo balear, se manifiesta contra el Gobierno central de Zapatero. El lector tiene tres segundos para descifrar la contradicción. No. Basta con uno.
El PP monta un gran estropicio político porque el Gobierno sólo ha aprobado este año un descuento del 45 % del precio de los vuelos a Balears y para el próximo un 50%. Ellos exigen el 50% para este año. Durante el Gobierno del PP siempre se negó toda subida superior al 33 por ciento. Extrañamente ningún miembro conservador ha sido tratado de amnesia en los últimos tiempos.
Rodrigo de Santos, como responsable de la salud estatal en Balears, apostó por la ampliación de Son Dureta. De hecho, puso la primera piedra de las obras. Ahora, como responsable municipal, dice que lo de Son Dureta es un error y que hay que construir Son Espases a toda costa. El doctor Jeckill y mister Hyde hicieron estragos.
El mismo personaje del gobierno municipal da a la Iglesia seis solares porque "compartimos los mismos valores". Es evidente que no comparte valores con las familias que necesitan una vivienda de protección oficial y a las que siempre negó solares.
Cort construyó un gran parque en las Estacions de Palma que ahora derriba. Derribó el puente de Bennàssar pero dice que construirá un monumento al arquitecto. No habla de ningún monumento a los ciudadanos que pagan la fantasía. Los médicos aconsejan comenzar el año nuevo 2006 con humor, tolerancia y algunas dosis de espíritu crítico. De hecho, sólo así será medianamente soportable. Jordi Bayona es periodista.
bayona | 00 , 0000 00:00
El president Matas no compren que se'l vulgui implicar en l'afer d'Andratx. "Ara resulta que el més imporant del cas Andratx és la filtració", ha declarat i, a continuació, la lletania habitual contra el PSOE, els mitjans de comunicació, etc. Matas no ha arribat a comprendre l'ètica de les responsabilitats polítiques. Li recordarem.
(Segueix)bayona | 00 , 0000 00:00
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