bayona | 25 Març, 2006 16:14
UN FUTURO PASADO DE MODA
Las páginas 2 y 3 suelen ser en gran parte de las maquetas de los periódicos las más nobles y las que dan cabida a los temas de mayor interés. El domingo 12 de marzo este periódico publicaba, en páginas 2 y 3, una información, sobre la presión urbanística en todos los municipios unidos por los actuales proyectos de autopistas.
El día anterior, sábado, en la página dos y la tres se publicaban sendos anuncios con el mismo mensaje: “Compro edificios con o sin inquilinos”. Queda claro que lo importante son los edificios; lo de las personas es un tema menor que no ofrece preocupaciones.
Tradicionalmente los anuncios de las inmobiliarias aparecían en las páginas genéricas de clasificados. Ahora ya ocupan las páginas del podio, las importantes de verdad. Es la visualización más perfecta del orden de prelación de lo que ocurre en Mallorca.
Ya no quedan solares en los pueblos, la trama urbana se compacta y se extiende como mancha de aceite. En el Pla o en la Tramuntana , en el Raiguer o en el Llevant, se levantan en los pueblos de Mallorca compactos edificios de pisos, de tres, cuatro o más alturas, que contrastan con la arquitectura, si no la tradicional, al menos la habitual hasta ahora.
El ejemplo lo tengo cerca de casa, en Selva. En una franja de terreno abierta a la montaña, que hasta hace bien poco pastaban las ovejas entre almendros, se han levantado cinco pequeños bloques de seis viviendas cada uno. Nada del otro mundo. Planta baja y dos pisos, estilo “rústico”, con cubiertas de teja, persianas “mallorquinas” y alturas desiguales. Cada piso cuesta de media unos 200.000 euros. Se trata, por tanto, de una promoción de 6 millones de euros. Como el que no quiere la cosa son mil millones de las antiguas pesetas. Un movimiento económico que jamás se había registrado en la historia de la localidad. Y no es la única promoción. No es raro que se despierten voracidades.
Para hacerme con las claves de lo que ocurre llamo a un promotor conocido y le pido información. Es una persona práctica que va al grano. No tiene estudios pero ha hecho un fortunón. “Las promociones ya van de capa caída en Mallorca, todo lo que se está haciendo o se va a comenzar ahora se ató hace tres años, cuando se levantaron las moratorias. Ya no se encuentran más oportunidades. Todo está descubierto y agotado. En cuatro o cinco años más, cuando se acabe lo que se gesta ahora, ya no se va a poner ni un ladrillo más por la sencilla razón de que no quedará espacio donde ponerlo. Nosotros nos vamos a Andalucía. Allá todavía queda mucho terreno. ¡Aún se puede construir un solar al 100 %!”.
Jamás en un minuto me han hecho una descripción tan cruel y exacta de lo que está pasando y tan alarmante de lo que va a pasar. La secuencia es simple: se saca de la vaca la última gota de leche, se la abandona a su suerte y se busca otra vaca ilusa que también se deje secar. Y, paradoja supema, el Govern celebra este proceso a bombo y platillo y provoca la euforia de un pueblo alegre y confiando. Una alegría y una confianza que recuerda la del pasaje del Titánic cinco minutos antes de toparse con el dichoso iceberg.
He oído hasta la saciedad de que la recuperación del urbanismo de la costa mallorquina pasa por el esponjamiento, por crear nuevos espacios abiertos en unas urbanizaciones que un diseño de otros tiempos había compactado en exceso. Y mira por donde, ahora hacemos en los pueblos exactamente lo contrario del esponjamiento: construimos en solares que aportaban al vecindario luz y visión abierta del cielo, aumentamos los volúmenes edificados y multiplicamos la población. Resulta que nos preparan un futuro basado en parámetros urbanos y sociales pasados de moda.
Doy por perdidas las estampas cotidianas de nuestros padres: sentarse “a la fresca” delante del portal de la casa, dejar “la clau en el pany” en un entorno vecinal de absoluta confianza, seguir el proceso de maduración de la fruta de la higuera en el solar de al lado o despertarse con el gallo. Todo eso parece estar ya prisionero en el pasado de la poesía costumbrista de María Antònia Salvà.
Ahora se ponen paredes y sombra donde antes había cielo y luz, se cambia el silencio por el ruido, la calma por el trasiego de camiones que dejan evidentes huellas de barro en la calzada y un vecindario solidario por un entorno anónimamente urbano.
Y, por lo visto, según me ha contado el promotor conocido, eso es el presente. El futuro es la nada.
www.jordibayona.com
Tolo | 26/03/2006, 00:20
Toni de C'an Maians | 26/03/2006, 11:30
Un afectado | 26/03/2006, 18:55
jahd | 27/03/2006, 13:19
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Rapa Nui
Pep Torro | 25/03/2006, 17:03