bayona | 17 Gener, 2006 17:33
Jordi Bayona
Las páginas de la hemeroteca sobre las declaraciones del teniente general José Mena se cuentan por cientos, como cientos deben ser los minutos de información audiovisual que se han dedicado al pronunciamiento del militar. Sin embargo, casi dos semanas después del estallido periodístico confieso que todavía guardo zonas negras informativas, preguntas sin respuesta, que tan nutrida documentación no ha conseguido aclarar ni responder.
En síntesis, el alto mando castrense señaló de manera solemne que si el Estatut catalán resultaba ser inconstitucional, el Ejército, haciendo uso del artículo ocho de la Constitución, estaría obligado a intervenir. Y aquí comienzan mis dudas. ¿Cómo sabrá Mena que el Estatut aprobado por las Cortes es contrario a la Carta Magna? ¿Consultará el libro gordo de Petete? ¿Se lo soplará el presidente del Tribunal Supremo mientras sigue clases de sevillanas y de catalán?
Supongamos que, en un ataque transitorio de lucidez, el militar decide confiar en las instituciones democráticas y espera que el Tribunal Constitucional emita sentencia. Supongamos – y ya es mucho suponer – que dicho tribunal se manifieste en contra de algunos artículos del texto estatutario. ¿Considerará entonces Mena que es el momento adecuado para la intervención? ¿Esperará algunos días por si alguien decidiera corregir el texto? ¿También le pasó por la cabeza la famosa intervención militar cuando en los ocho años de gobierno de Aznar el Constitucional dictó sentencia en contra de catorce leyes?
Sigamos con las preguntas que me corroen la conciencia. ¿Cómo sería esta intervención? ¿Cuáles serian sus aspectos concretos? ¿Sacaría a la calle los tanques de la Brunete que tan bien conoce porque han estado bajo su mando? ¿Los sacaría sólo en Catalunya o también en Madrid? ¿Detendria a Maragall? ¿También a Mas, que aunque no forma parte del Tripartito también apoya el nuevo estatuto? Sobre Carod ya no pregunto. ¿Entraría alguien en el hemiciclo del Congreso, pistola en mano, sugiriendo cortésmente a los diputados que cambien de posición en sus escaños con la ya conocida frase de “Al suelo todo el mundo?”. Nadie sabe responderme.
En los casi tres lustros de democracia que llevamos en España, el histórico “problema militar” se ha desvanecido por completo. Sólo de vez en cuando algún triste episodio como el de Mena caricaturiza un país en el que hay gente que considera que el poder militar, llegado el caso, debe estar por encima del civil. Hasta lo expresan con pancartas los ultras del estadio Vicente Calderón.
Conste que no es nada escandaloso. En todos los países de extenso pedigrí democrático hay un sector de la derecha radical que siente una confortable querencia hacia la intervención militar. Tanto es así que hay incluso Parlamentos europeos que albergan algunos diputados declarados, sin complejos, de la más extrema derecha, cuartelera y xenófoba. Y mientras todo siga por el cauce pacífico y democrático no hay nada que objetar. La democracia da estos derechos
En un cálculo de magnitudes a ojo, en España puede haber uno, quizás dos, millones de personas que añoran el franquismo. No hay que preocuparse. En Francia hay más del doble. Lo normal es que formen un partido, se presenten a elecciones – como ha hecho Le Pen – y consigan hasta tener un pequeño grupo parlamentario. El resto de los partidos, especialmente los de la derecha civilizada, los ignoran porque aspiran a conquistar el centro sociológico con reformas más o menos sociales.
En la España moderna y avanzada del siglo XXI los personajes que componen esta clase sociológica tranochada y nostálgica son vistos generalmente como malos actores de zarzuela, que desentonan notas, exageran y sobreactúan.
Lo extraordinario del caso es que aquí no están aislados en su propio partido político sino que, a tenor de los hechos, parecen tener una notable influencia lunar sobre recientes estrategias políticas del PP, en los estamentos rectores de la Iglesia, en algunas áreas de la judicatura y, de rebote, en las opciones editoriales de importantes medios de comunicación.
Y así, con este lastre aferrado a órganos vitales del país, cuesta avanzar. Casos como el del general Mena provocan polémicas absurdas que queman energías inútilmente.
| « | Agost 2008 | » | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Dl | Dm | Dc | Dj | Dv | Ds | Dg |
| 1 | 2 | 3 | ||||
| 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
| 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 |
| 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 |
| 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |
Asesinad a todos los politicos
Futuro combatiente del Islam. | 13/02/2006, 16:22